Apartes del Libro "La Maestría del Amor" del Dr. Miguel Angel Ruiz
(...) Si observas tu cuerpo descubrirás billones de seres vivos que dependen de ti. Cada célula es un ser vivo que depende de ti, y eres responsable de todos, ya que para ellos, tus células, tú eres Dios. Les proporcionas lo que necesitan; puedes amarlos o bien ser mezquino con ellos.
Las células de tu cuerpo te son totalmente leales; trabajan para mantener tu armonía. Hasta se puede decir que rezan por ti. Tú eres su Dios. Esa es la verdad absoluta. Y ahora que sabes esto, ¿qué vas a hacer?(..)
(..) Tu cuerpo es perfecto tal y como es, pero todos nosotros tenemos esos falsos conceptos sobre lo que es correcto e incorrecto, bueno y malo, bonito y feo. El problema reside en que, aunque sólo se trate de unos conceptos, nos los creemos. Con esa imagen de perfección en la mente, esperamos que nuestro cuerpo tenga una determinada apariencia, que se comporte de un modo concreto. Rechazamos nuestro propio cuerpo, cuando el cuerpo nos es totalmente leal. Y aun cuando no es capaz de hacer algo, debido a sus propias limitaciones, nosotros lo empujamos, y al menos, lo intenta.
Mira lo que haces con tu cuerpo. Si tú lo rechazas, ¿qué pueden esperar de ti los demás? Si lo aceptas, serás capaz de aceptar prácticamente a todo el mundo, todas las cosas. Esta es una cuestión de suma importancia cuando se aborda el tema del arte de las relaciones. La relación que tienes contigo mismo se refleja en las relaciones con los demás. Si rechazas tu propio cuerpo, cuando compartes tu amor con tu pareja, te sientes tímido. Piensas: «Mira mi cuerpo. ¿Cómo puede amarme con un cuerpo como éste?».
Entonces te rechazas a ti mismo y supones que la otra persona te rechazará exactamente por la misma razón. Y cuando rechazas a otra persona, la rechazas por las mismas razones por las que te rechazas a ti mismo.
(..)Para crear una relación capaz de conducirte hasta el cielo, tienes que aceptar totalmente tu cuerpo. Tienes que amarlo y permitirle ser libre para ser, libre para dar, libre para recibir, sin timidez, porque la «timidez» no es otra cosa que miedo.
Lo que verdaderamente importa no son las opiniones que provienen de los demás, sino tus propias opiniones. Eres guapo independientemente de lo que diga la mente. Eso es un hecho. No tienes que hacer nada porque ya tienes toda la belleza que necesitas. Ser guapo no te obliga a nada con nadie. Los demás son libres de ver lo que quieran. Mientras tú seas consciente de tu propia belleza y la aceptes, la opinión y los
juicios de los demás sobre si eres guapo o no, no te afectarán en absoluto.(..)
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